
En la cena, reponiéndome del shock de escuchar el "inglés perfecto" de Luli Fernández, escucho a la sierva de mi abuela hacer el siguiente comentario:
Sierva: Llegué y me encontré a tu abuela sola, con un zapallo enorme recién pelado y cortado en pedacitos.
Chanelle: ¿Cómo hiciste, abuela?
Abuela: (como si nada) Con un martillo.
Chanelle: Pero...¿saliste a la calle sola?
Abuela: Ay, ¿qué tiene? No soy una discapacitada.
Chanelle: No...sos una señora de 93 años.
Abuela: (indignada) ¿Por qué tenés que decir cuántos años tengo? ¡No me gusta que la gente sepa?
Chanelle: Pero abuela, ¿vos pensás que la gente te ve y piensa que tenés 20 años?
Abuela: No, si me preguntan yo digo "un poco más de 80".
Chanelle: Dios.
Abuela: Además, tal vez un día de estos consigan una vacuna para curar todas las enfermedades.
Chanelle piensa: ¿No se supone que para los católicos, el cielo es un lugar bello con las calles pavimentadas de oro? ¿Para qué rompen tanto las bolas, si después le tienen tanto miedo a la muerte?